Los que viven en la cuneta
no son los mismos que mueren en la carretera.
Los que mueren en la carretera venían de alguna parte
tenían a dónde ir.
Los que viven en la cuneta es como si nacieran allí
como las amapolas
manchas de sangre de un paisaje ajeno.
Morir en la carretera sería una oportunidad.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Una oportunidad
miércoles, 10 de febrero de 2010
La soledad
La soledad
de los que sabemos que no van a venir a rescatarnos
se nos come por dentro hasta que somos infinitos
se nos come por fuera hasta que somos infinitesimales
y la infinitud duele para siempre.
viernes, 5 de febrero de 2010
Poco infinito
Si yo decido sufrir
si decido morderme las manos
o si decido seguir andando
siempre soy yo
yo y mi pozo
yo y mis mordiscos
yo y la poca fuerza que me queda
que cada día todavía
es la mitad que el anterior.
martes, 26 de enero de 2010
Descuido
Ya no recuerdo dónde estaba la esperanza
si en la cumbre o en la cuneta
pero no creo que importe mucho
porque ya me he caído de ambas.
martes, 12 de enero de 2010
martes, 29 de diciembre de 2009
viernes, 18 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
martes, 3 de noviembre de 2009
Ése
Si conocéis a alguien que acepte creer
que las olas son sólo inercia
que la lluvia es agua usada
traédmelo
que yo sabré entenderle.
El que tenga la piel más gastada
de lamerse solo las heridas
la voz más vencida que la espalda
presentádmelo que yo le prestaré la esperanza que me sobra
que es toda.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Soy de ésas
Supongo que soy de esas chicas a las que los príncipes azules convierten en cenicientas. De las que se agarran a la infelicidad como al único clavo que no arde entre tanta esperanza incandescente e ilusiones afiladas. De esas chicas que no tienen miedo a freírse en el infierno ni a comer azufre, siempre que el infierno tenga cuatro paredes y un techo y el azufre no sea prestado. Y se someten encantadas a una disciplina durísima que las aleja irremediablemente de todas las excepciones, sobre todo de la excepción de disfrutar de la vida a pesar de algo.
Ay, ya lo sé, soy de las imposibles, de las que aman con frivolidad porque lo piensan, de las que hacen sufrir a los chantajistas emocionales, de las que se tratan con crueldad cada vez que fracasan, que es muy a menudo, y están malhumoradas siempre que algo no sale bien porque lo que importa en esta puta vida no es ser feliz sino estar bien, y hay una gran diferencia que los mentecatos no captan, y cómo me toca los cojones que a nadie le preocupe estas sutilezas primordiales.
Soy de ésas, y por ello hay poca gente que me quiere y pocos minutos en los que me siento feliz. Pero es que la felicidad está sobrevalorada.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Otro año más
Otro año más
y nada.
Llamo a la puerta
con las pestañas doblegadas de recuerdos
y la paz se sobresalta
(el umbral ha visto muchas idas
no esperaba una llegada).
Viene a recibirme el miedo.
Me abraza, me coge de la mano.
Nos conocemos.
Entro, y la esperanza inalterable
en su diván de indiferencia
me olvida para siempre.
Al final del pasillo están las escaleras
la oscuridad rechina
la resentida alfombra cenicienta
se burla de mi vuelta.
Mientras subo tiemblo
el frío no ha cambiado.
Me espera en cada esquina rancia
sucia de demonios viejos.
Al llegar arriba no hay más puertas
no hay opciones
sólo un tragaluz hambriento y hueco
y tres metros de altura que lo separan del suelo
un calendario amarillento en blanco
otro año más
y nada.

