Nunca te he amado más ni menos,
yo te quiero en magnitud absoluta
como los unos.
Y este amor, discreto y binario
sabe serlo todo o no ser nada
y es perfecto siempre
en su dicotomía pura y fácil.
En mi amor no existe eso que llaman dos,
estás sólo tú
y estoy sólo yo
y no pretendo hacerte compatible.
Te quiero desde la prepotencia de lo entero
y la humildad de lo cerrado que no espera que alguien entre.
Te quiero como me quieres
en paralelo pero en serio
sin mezclarte ni mezclarme.
No esperes de mí grandes hazañas
ni promesas de infinito
ni contar los días ni contar las horas ni contar las olas...
no cuentes mi amor
pero cuenta conmigo.
Te quiero con total impunidad numérica.
(lo prometido es deuda)
lunes, 28 de julio de 2008
Binario
lunes, 21 de julio de 2008
Un universo de palabras encerrado
Cuando miro a través de tu ventana puedo verlo
hay un universo de palabras encerrado tras el cristal.
Diminuto e infinito
tan grande que podría perderme sin remedio.
No le tengo miedo
a tu universo secreto.
Sé que lo guardas para no perdernos dentro
para conservarlo para siempre
por si algún día llega su principio de los tiempos
y puede expandirse a donde quiera.
Sé que me lo entregas para que no sea una amenaza
sellado en su misterio
para que yo desconozca el peligro de explorarlo.
Hay un número eterno de estrellas en nuestro universo
una es tuya
otra es mía
otra es del azar
y el resto del tiempo.
(para el creador del universo en el que creo)
lunes, 14 de julio de 2008
Mi vida entera
mi vida entera
entera fue
a parar a tu regazo
como el agua al mar
o a un sumidero
y qué harás con ella
cualquier cosa que quieras
pues a tu voluntad me acojo
como si fuera el fuego de mi hogar
que abrasa y acuna todas mis noches
mi vida entera se perdió por ti
o se encontró
no sé
quién puede medir el daño y el gozo
y separarlos
como quien destila el agua
no me importa
no queda nada de mis sueños
ni de mi vigilia
sólo déjame un segundo más en tu regazo
ese segundo dichoso y trágico antes de perderme para siempre
como el agua dulce y mansa se disuelve en el mar embravecido
miércoles, 9 de julio de 2008
Kilómetros
Cuántos kilómetros de mundo puedo recorrer
aferrada a tu mano
cambiando el tiempo y las historias
a nuestro antojo
pintando el cielo azul de otros colores
y murmurando a voces mi secreto
tu secreto.
Puedo agotar la tierra así avanzando
caminar más allá de la curva del planeta
adentrarme en el universo infinito de pasiones
y desterrar a Dios para hacer sitio.
Y quizá el universo me contenga
y en sus límites condescendientes halle el tiempo
y el espacio suficiente para amarte.
martes, 8 de julio de 2008
¿A dónde vas, corazón?
¿A dónde vas, corazón, que me abandonas?
Voy a donde se tiende España
cálida y seca.
No a la España alta que tú conoces
sino a la profunda y ancha,
la España densa.
Voy a teñir mi rojo de su amarillo
y ondear al viento que mece al trigo.
Voy a echar raíces
y a crecer como el viñedo y el olivo.
¿Por qué te vas, corazón, y me abandonas?
No te abandono...
me entrego.
sábado, 5 de julio de 2008
Invulnerables
Al final, después de tantas grandezas inabarcables, palabras sobredimensionadas, gestos épicos y vestiduras rasgadas de justicia y cariño y de indignación y orgullo y de paz en el mundo, nos encontramos dulce y serenamente en lo simple. Donde habitan las verdades en casitas blancas sin desvanes ni trasteros, donde la realidad se afila como el borde de un cristal, donde la luz no arroja sombra porque hay tanta sencillez llenándolo todo que no caben las paradojas. Ahí, precisamente, en ese justo y exacto lugar inconfundible, nos encontramos. Todos. Cualquiera. Y de pronto ya no nos importa conocer qué hay detrás, porque hemos llegado a un punto donde todo huele a real y sabe a cierto, hemos llegado a la verdad más absoluta con mayúsculas: una media sonrisa despreocupada tan desnuda que ni siquiera lleva prejuicios ni valores, tan sólo una sencillez tal que traspasa cualquier frontera y nos convierte en invulnerables.
jueves, 3 de julio de 2008
Llamé a la puerta de mis sueños
Llamé a la puerta de mis sueños para entrar sin prisa
pedí permiso para engrandecerlos
licencia para censurarlos.
Los traté con mimo, egoístamente,
los guardé en silencio
soltándolos muy poco a poco
gota de sueño tras gota de enojo
como un reloj de arena rosa que cronometró mi infancia.
Jugué con ellos, temí por ellos, los olvidé a veces,
fueron niños perdidos en el rincón de mi cordura
y viejos jinetes de mi yegua alada.
Los he tenido siempre dentro para empujarme
a veces fuera para guiarme.
Los retuve sin miedo
los perseguí sin pausa
los moldeé a mi antojo.
Mas fueron ellos, al final, quienes me hallaron.
miércoles, 2 de julio de 2008
Cada principio
Te he escrito tantas veces
en versos que me vaciaban...
que ya solamente me queda dentro
una palabra sólida
imperturbable
eterna
refugiada en mi pecho para siempre
ofrecida a ti sin condiciones.
lunes, 30 de junio de 2008
Ella
La siento en el estómago y no es hambre,
me seca la garganta y envilece mi deseo
pero nada de este mundo
(el agua, la tierra, el mar, el cielo)
puede calmarla.
Como un guisante bajo la cama
me priva de mis sueños de princesa,
cruel y árida
anida en el desierto de mi alma
y me marchita.
Palpitando en el vacío de mi pecho
donde había un corazón que se ha fugado
buscando algo mejor
allí resuena haciendo eco en mis oídos
para matarme.
Y por su antojo sangro palabras por los dedos,
el hueco que dejó mi corazón ya rebosado
por los versos de mi vida
y ella recreándose en mi empeño sobrehumano
inventándose entera.
viernes, 27 de junio de 2008
Al pie del cañón
¿Qué miráis?
Ya lo sé.
Voy despeinada.
Y mal vestida.
Los ojos rotos.
La risa ausente.
Estoy cansada.
¿Qué pretendéis?
Si sigo aquí.
Diezmada pero aquí
sosteniendo de milagro la mirada del destino
pagando el billete de vuelta de mi risa ausente.
Y cansada sigo. Y sigo.
Soy la imagen muerta de la vida breve
agotándome a mí misma en la batalla.
Soy una jodida luchadora
condenada a tener hambre siempre
a estar temblando, mojada, fría y aterrada
al puto pie del cañón
victoriosamente derrotada.
(para Erosè, que está cansada)
miércoles, 25 de junio de 2008
Rendición absoluta a la vida
Querida compañera:
Pensarás que soy muy joven para escribirte, pero nadie mejor que tú sabe que tengo más años a mi espalda de los que celebro en cada cumpleaños, y hoy y ahora es tan buen momento para escribirte como cualquier otro, porque en tu transcurrir incesantemente finito todos los momentos (por mucho que nosotros nos empeñemos en diferenciarlos) son fraternalmente iguales.
Tengo algo muy importante que decirte, a ti y a todas las que, por convergencia, transversalidad o tangencia, compartan este momento único y repetible.
No necesito pararme a observar mucho tiempo al “olmo viejo herido por el rayo y en su mitad podrido” y al junco inquebrantable que, doblado a ras del suelo pero clavado sin remedio a tierra firme es azotado por el viento, para comprender tu mensaje.
He luchado con armas inimaginables para alcanzar mis objetivos, me he dejado el corazón en mi gente, la piel en el trabajo, las uñas y los dientes en cada ilusión pueril o sensata que he cultivado. Y lo he conseguido.
Pero también he perdido batallas épicas. He sido testigo impotente de cómo mi infancia se diluía en una amargura psicóticamente cotidiana y he tenido que bebérmela entre la risa y el espanto, he visto enfermar o morir a demasiados de los míos (aunque ya sé que sólo uno es demasiado), he dejado atrás tanto camino que si quisiera recorrerlo de vuelta nunca llegaría (es lo que pasa cuando uno deja abiertas demasiadas puertas, la corriente de viento que se crea acaba por cerrarlas de un portazo).
Eso tan importante que quiero decir es que me rindo. Me rindo absolutamente a ti. Y rendirme significa, yo lo sé y tú lo sabes, resignarme a luchar constantemente, a sufrir con cada lucha, a disfrutar cada victoria, a aceptar cada derrota, a llorar y a extrañar todas las pérdidas y a tener la certeza, total, inmensa e irrenunciable, de que tú, con toda la ambrosía y el azufre que digieres, vales la pena.

